domingo, 20 de mayo de 2012

Espacio, Cultura y Tiempo



La contribución de Edward T. Hall

Cada cultura tiene unos valores que la hacen diferente a las otras, tanto a nivel verbal como no verbal. La cultura determina los aspectos a los cuales hay que prestar atención y cuales hay que ignorar, es decir, nuestro patrón perceptivo y comportamental pasa a través de la cultura, aunque también haya diferencias intraculturales.

Hall (1914-2009) respetado antropólogo e investigador cultural, fue el primero en identificar el concepto de proxémica, o espacios interpersonales.
  • En su libro, The Hidden Dimension, (1966) describe las dimensiones subjetivas que rodean a alguien y las distancias físicas que uno trata de mantener con otras personas de acuerdo a reglas culturales muy sutiles.
  • En The Silent Language (1959), Hall desarrollo el término de policronía, para describir la habilidad de atender múltiples eventos simultáneamente, en contraposición a los individuos y culturas "monicronos" que tienden a manejar eventos secuencialmente.

En el modelo contextual, se tiene en cuenta la contextualización de la comunicación: dado que el ser humano se encuentre ante multitud de estímulos perceptivos a los cuales es imposible prestar atención en su totalidad, la cultura actúa como pantalla que selecciona a qué estímulos prestar atención y cómo interpretarlos.

Edward Hall, en función del contexto, define dos tipos de culturas: Culturas de contexto alto (CCA) y culturas de contexto bajo (CCB). Con este continuum se diferencia entre aquellas culturas en que la mayor parte de la información está en el contexto físico o interiorizado de la persona, y aquellas culturas en las que la información está explícita en el mensaje. Entender el concepto de cultura alto o bajo es una primera aproximación para enfocar nuestras negociaciones y comunicaciones internacionales.

Las culturas de contexto alto (o de high context) se caracterizan por la presencia de elementos contextuales que ayudan a la gente a entender las reglas. Las palabras pierden importancia en beneficio del contexto. En estas culturas se usan menos los documentos legales, la palabra es determinante, y esto hace que las negociaciones sean mucho más lentas. La posición social (status) es determinante, al igual que el conocimiento sobre ésta. Japón, gran parte de Asia, África, países árabes, y en general Hispanoamérica, son ejemplos de estas culturas. En estos países pues, las negociaciones son mucho más lentas dado que antes de acordar nada es preciso establecer una relación personal que asegure una confianza entre las partes. Así, las culturas de high context (CCA) desarrollan muy poco contenido verbal explícito, dando siempre más relevancia a los aspectos no verbales de la comunicación, así como a la subjetivación de ésta. Los estilos utilizados en la comunicación son más directos, se promueve la cooperación y participación fomentando la armonía del grupo. En este ámbito suelen tenerse en cuenta los sentimientos y la intuición, así como la lealtad, la confianza y el respeto para con el grupo. Cabe añadir que esto puede ser confuso para aquellas personas que no entienden las normas “no escritas” de la cultura.

Contrariamente, las culturas de contexto bajo (o de low context) tienen como característica principal que basan la comunicación en el lenguaje verbal, dando gran importancia a la lógica y el razonamiento verbal de cada miembro. De esta forma se favorece una separación entre el tema y la persona. Suele utilizarse el estilo de comunicación directo; preguntando directamente y eludiendo así ambigüedades. En cuanto a la negociación entre los miembros, se gestiona de manera lineal lógica y siempre de manera posterior a un análisis. Así, en las culturas de low context (CCB) pocas normas se toman como sabidas, lo que significa que es una cultura que precisa de más explicaciones y que, por lo tanto, genera menos posibilidad de malentendidos. En este tipo de culturas las palabras transmiten la mayor parte de la información. Los documentos legales se consideran indispensables y los detalles en los negocios se analizan rápidamente. Europa (principalmente en los países anglosajones) y los Estados Unidos son ejemplos de este tipo de cultura en que no predominan los factores contextuales en la comunicación.



En este modelos, Hall realiza una clara diferenciación sobre cómo las culturas gestionan y usan el tiempo. Es este sentido, vuelve a presentar un continuum en que que incluye dos tipos de tiempo: el tiempo monocromático (M-Time) y el tiempo policromático (P-Time).

En el primer caso, el tiempo monocromatico, la utilización del tiempo se traduce en hacer una sola cosa en el momento preciso. Esto significa organizar el tiempo en pequeños segmentos para poder realizar las actividades una tras otra en riguroso orden. Para este fin es preciso un buen planeamiento de los objetivos y el compromiso y la puntualidad se vuelven ineludibles convirtiéndose en una norma de conducta.
En las culturas llamadas policromáticas, por otra parte, la interacción humana es valorada por sobre del tiempo y de las cosas materiales, dejando en un segundo término el trabajo en si para cuidar las relaciones personales. Su preocupación sobre las “cosas hechas” queda delegada por el ocuparse de las cosas en el momento requerido. En este sentido la puntualidad y el compromiso pierden importancia en beneficio del respeto por las cosas “bien hechas” y acabadas. Esto se traduce en una constante interrupción del trabajo, flexibilidad en el planeamiento de las actividades y la concepción del compromiso como algo a alcanzar sólo si se puede. Mientras que las culturas monocromáticas tienden a ser de bajo contexto, las culturas policromáticas se rigen por un alto contexto.
Con esto, es fácil entrever como la interpretación que conlleva ciertas conductas relacionadas con el tiempo pueden ocasionar graves conflictos entre personas que provengan de referentes culturales diversos en cuanto al tiempo (por ejemplo, llegar diez minutos después de la hora acordada puede ser percibido como un simple retraso o como una falta de respeto o, incluso, de educación; en función de la cultura a la que se pertenezca).
Después de la división de contexto y de tiempo Hall, en su teoría, también tiene en cuenta el espacio: por una parte habla de personas que necesitan espacio en todas sus áreas ( personas que precisan mantener su espacio vital respecto a los otros para sentirse cómodos en compañía) o quien necesita marcar su territorio y se preocupa por defender su propiedad, aunque eso signifique intentar obtener las áreas que cree suyas mediante disputas de límites, extendiéndose éstas a las preocupaciones generadas por la propiedad física y material. 
Éstas personas son las que Hall llama “de high territoriality” (alta territoriedad) y suelen encontrarse en culturas de bajo contexto. En el otro extremo del continuum espacio se encuentran aquellas personas que aspiran a una menor propiedad y eso les lleva a dar menos importancia a las disputas por los límites de espacio (suelen compartir sus propiedades); son las llamadas por Hall “de low territoriality” (baja territoriedad). Con frecuencia la gente con baja territoriedad tiende a dar una menor importancia también al contexto (forman parte de las culturas de bajo contexto).

Este artículo fue redactado como un extracto de lecturas de Hall y diferentes wikis, la mayoría de los cuales puedn ser visitados mediante su correspondiente hipervínculo.


lunes, 19 de marzo de 2012

Dress Code

Los códigos de vestimenta de negocios (dress code) aseguran que los empleados entienden las normas de la empresa, y al mismo tiempo las mismas empresas a menudo desean transmitir y mantener una imagen en particular a través los atuendos utilizados en horas de oficina por sus empleados.
Al definir un código de vestimenta, la organización tiene que determinar en primer lugar cuál es la imagen que quiere transmitir.
Los códigos de vestimenta de negocios varían en función de la industria o sector de servicios.
Definir y establecer un código de vestimenta empresarial puede limitar la confusión de los empleados en lo que resulta apropiado usar. Las organizaciones con un código de vestimenta no escrita puede causar ambigüedad sobre lo que es aceptable o no lo es, de acuerdo a su personalidad corporativa. Sin un código de vestimenta por escrito en los manuales de los empleados, ellos pueden simplemente reflejar unos a otros o utilizar su propio juicio acerca de lo que es una vestimenta aceptable.
En entregas posteriores haré referencia al "casual dressing"
Hoy les ofrezco algo bastante estricto: el código del banco suizo UBS en lengua francesa e inglesa. Por favor siga el enlace de su preferencia.

Francés:
http://www.scribd.com/full/45325094?access_key=key-296jtldidj6kp3hdiyn0

Inglés:
http://thefinanser.co.uk/files/ubs-dress-code.pdf

domingo, 4 de diciembre de 2011

Como se pide, o un solicitado comentario acerca del post anterior.


El título y el contenido del artículo “El coaching ontológico como toxina”, me ha deparado muchas sorpresas, pedidos de aclaración o rectificación, y la posibilidad de utilizar el material del mismo en un proyecto de investigación a ser publicado con referato.
Al respecto, véase una versión adelantada de dicho proyecto con el título “El Coaching Ontológico y sus relaciones con la Negociación Contemporánea”, en el siguiente vínculo:


A propósito, debo decir que he quitado del título la palabra “toxina”, en homenaje a mi querido amigo y discípulo, el Prof. J.P. Rico, tal cual su post en el siguiente vínculo:


La estructura conceptual del post de mi autoría.

Mi intención, desde el comienzo, fue escribir un artículo científico, si bien a la Negociación, como transdisciplina, la considero como algo que todavía no ha llegado al status de “ciencia” en sentido lato.

Sin embargo, ya desde hace más de 20 años, cuando comencé a enseñar e investigar acerca de la Resolución de Conflictos, no sólo me preocupé del aspecto metodológico (que comentaré oportunamente), sino también de los supuestos científicos que orientaban la praxis de la Negociación.

Prosigo en ese camino, ya que considero que para que la Negociación se transforme en una ciencia, debo comenzar por la cabeza.

Por ello, es preciso aclarar que existe un consenso casi universal acerca de en qué consiste “hacer ciencia”, incluyendo esta actividad usualmente:

  1. Una posición tomada respecto de la Filosofía de la Ciencia y de la Epistemología, lo que nos lleva inevitablemente a asumir una postura filosófica en general, que abarque la metafísica y la ontología, considerada esta en su sentido clásico de “la rama de la filosofía que estudia al ser en cuanto ser”, (y no como la menciona Maturana, por analogía, descartando a priori la perspectiva metafísica).
  2. Un Marco de referencia, que postule la posibilidad del conocimiento científico y sus condiciones básicas, y que permita tomar decisiones racionales.
  3. La consideración de los métodos científicos a utilizar: inductivo, deductivo; hipotético deductivo (Popper).

Por otra parte, hacer ciencia significa poder realizar (acotado a su objeto de estudio) las siguientes operaciones básicas:

  • Postular Teorías y Leyes que permitan aproximaciones sucesivas a la realidad objetiva, describiéndola en beneficio de la comunidad científica, y predecir resultados con un sesgo probabilístico aceptable.
  • Confrontar dichas Teorías y Leyes con los resultados obtenidos, constituyendo esto un proceso crítico y siempre provisorio, como lo piensa Mario Bunge. En efecto, para él, el conocimiento del mundo es provisional e incierto, pero postula sin embargo que la realidad existe y es objetiva.
  • Bajar” dichas teorías a un entorno de la praxis propia de cada disciplina, utilizando para ello diversas metodologías y herramientas.

La Negociación Contemporánea.

He acuñado este término para distinguirlo de diversas etiquetas sobre la Negociación, que sólo hacen referencia a una metodología: ganar-perder, ganar-ganar, estilo soviético o cualquier otra que se haya utilizado.
Esto lo he realizado con el deliberado propósito de contribuir a elevar a la Negociación a una mayor categoría científica.

Es por ello que desearía glosar en particular mi propia postura frente a la Filosofía de la Ciencia, y qué significa “hacer ciencia” en este contexto particular. Todo aquello que no coincida con este esquema presentado, que va de lo general a lo particular, de lo más importante (la filosofía) a lo accesorio (la praxis), sin duda producirá “ruido”, y no será coherente con esta postura, aunque perfectamente respetable como opinión individual.
La cuestión para el tercero que lea esto será: ¿cual será la episteme (ἐπιστήμη =conocimiento) y cuál la doxha (opinión)?

  1. En primer lugar, respecto de la Filosofía de las Ciencias, asumo la postura filosófica del Neo tomismo: el realismo moderado, y con él afirmo:

    1. La realidad existe de manera independiente de la mente humana (tesis ontológica de realismo).
    2. La naturaleza es regular, en una medida (tesis ontológica de legalidad).
    3. El ser humano es capaz de comprender la naturaleza (tesis gnoseológica de inteligibilidad).
    4. La posibilidad del conocimiento se produce principalmente a través del uso de la Lógica Mayor y Menor, y del Análisis Matemático, los cuales siempre hacen referencia a la validez de los juicios y a la verdad o falsedad de los mismos (no si dichos juicios son poderosos).

  1. En segundo lugar, como científico católico, afirmo que no existe una dicotomía entre Fe y Ciencia (Cf. Fides et Ratio). Por lo tanto, puedo tomar como punto de partida cierto que:
    1. El único ser del cual se puede predicar que realmente es creador es Dios, quien por definición trae a la existencia todas las cosas y las sostiene con su pensamiento.
    2. El hombre, hecho a imagen y semejanza de su Creador, sólo puede crear combinando elementos ya creados, y por supuesto, no puede crearse ni reinventarse a sí mismo, ni al mundo, por medio del lenguaje. Asimismo, este último pensamiento es destructivo de la persona humana, ya que engendra la ilusión de autosuficiencia, y luego de auto referencia.
    3. Siguiendo este pensamiento en términos ontológicos, el Hombre nace con una naturaleza ( no es una rana ni un pájaro, seguramente por más que se auto convenza de otra realidad, terminaría estrellado contra el piso cada vez que intentara volar). El ser persona significa llevar al acto todas la potencias propias de su naturaleza, no otras. Y este es su verdadero crecimiento como ser humano.

  1. En tercer lugar, afirmo que toda praxis en la Negociación, puede considerarse (no importa a qué escuela pertenezca) incluida en las siguientes características:

    1. Toda metodología es influida por la cultura de los sujetos participantes en el conflicto. Es por ello que la preceptiva adecuada para una cultura deberá ser adaptada o descartada en otro contexto cultural, so pena de un fracaso metodológico.
    2. Toda metodología en Negociación, sea de la Escuela que fuera, se basa en la producción de conductas inductivas hacia los otros jugadores, las cuales se apoyarán en técnicas psicológicas diversas (Disonancia Cognitiva, Mirroring, Clean Language, etc.) o directamente en la vieja y conocida actividad de la persuasión.
    3. Todo el proceso de la Negociación entre “n” jugadores, transcurre simultáneamente en dos Reinos o Dominios: el Racional, donde tienen lugar actividades referentes a los intereses, las capacidades y el ejercicio del poder; y el Relacional, donde la dupla percepción-comunicación juega un rol fundamental, acompañada por otros elementos: emociones, valores y prejuicios. Es precisamente allí, donde el herramental del coaching , incluidas las famosas competencias conversacionales, resulta valioso y de utilidad para un resolutor de conflictos.

A modo de conclusión

Hubiera resultado del todo imposible contestar punto por punto todas las críticas así como los aportes recibidos de distintos negociadores y coaches.
Sin embargo, quiero agradecer especialmente los aportes bibliográficos y su labor de relatora en el Taller metodológico que tuvo lugar en la Universidad del Salvador en la persona de la Dra. Alicia Rodríguez, de los investigadores del CONICET Dres. Verónica Moreno y Pablo Forni, y aunque ya mencionado, muy especialmente al Dr. Juan Pablo Rico, quien me dedicó en su propio blog un extenso post.

Continúo pensando respecto del Coaching Ontológico, que desde la Filosofía de las Ciencias deja mucho que desear, ya que ha construido un camino donde no hay posibilidad de certezas. Una vía muerta para la Ciencia.
Hubiera preferido, aún pensando muy distinto, que Maturana y demás mencionados en el post volcaran su enorme talento intelectual a alguna otra corriente del método científico, antes que expresar: “...en vez plantear cómo son las cosas, escogimos hablar de cómo interpretamos que son” (Echeverría).

Sigo afirmando que su rico herramental puede y debe ser aprovechado en la praxis de la Negociación, pero no se puede ni debe confundir metodología con conocimiento científico. Y esto que acabo de afirmar es tan válido para el CO como para la Negociación, aunque la Negociación, cronológicamente hablando, le lleva años de ventaja al CO, y por ende, más pensamiento dedicado al tema.

Por último, reitero mi esperanza de que algún día la Resolución de Conflictos en general, y especialmente la Negociación, alcancen el status de ciencia.
Quizás mis desvelos sobre la Negociación Contemporánea aporten un pequeño grano de arena a tan formidable objetivo.