domingo, 28 de junio de 2015

In memoriam; John Forbes Nash Jr. 1928 - 2015











El equilibrio de Nash  o equilibrio del miedo es, en la teoría de los juegos, un “concepto de solución” para juegos con dos o más jugadores, el cual asume que:
  • Cada jugador conoce y ha adoptado su mejor estrategia.
  • Todos conocen las estrategias de los otros.
Consecuentemente, cada jugador individual no gana nada modificando su estrategia mientras los otros mantengan las suyas. Así, cada jugador está ejecutando el mejor "movimiento" posible teniendo en cuenta los movimientos de los demás jugadores.
En otras palabras, un equilibrio de Nash es una situación en la cual todos los jugadores han puesto en práctica, y saben que lo han hecho, una estrategia que maximiza sus ganancias dadas las estrategias de los otros. Consecuentemente, ningún jugador tiene ningún incentivo para modificar individualmente su estrategia.
Es importante tener presente que un equilibrio de Nash no implica que se logre el mejor resultado conjunto para los participantes, sino sólo el mejor resultado para cada uno de ellos considerados individualmente. Es perfectamente posible que el resultado fuera mejor para todos si, de alguna manera, los jugadores cooperaran en su acción.
De allí la importancia de que en una negociación, siempre que sea posible, se pueda hacer comprender a las otras partes que cooperando, es decir jugando un juego ganar-ganar, todos verán mejor satisfechos sus propios intereses, aunque no se queden con todo el valor en juego.

sábado, 7 de febrero de 2015

Reseña del Libro “El Negociador Práctico” del Dr. S.P. Cohen



Me honra con su amistad el Dr. Steven P. Cohen, quien en la segunda mitad del año 2014 tuvo no solo la gentileza de enviarme un ejemplar de su último libro para mi conocimiento, sino que además me ha solicitado le haga llegar mis comentarios del mismo.
La obra, subtitulada “Cómo argumentar tus opiniones, defender tu punto de vista y triunfar en cualquier situación”, está construida sobre la base de las preguntas efectuadas al Dr. Cohen a través de su sitio de Internet por personas de todas partes del mundo, durante un período prolongado de tiempo.
Con paciencia y minuciosidad, el autor las ha ido contestando en un todo coherente, que una vez recopilado y a los fines de hacer más fácil su lectura, los ha dividido en nueve capítulos y un epílogo, este último que se constituye en un broche de oro conceptual.
Académicamente hablando, a primera vista, esta obra pareciera inscribirse como una más de las tantas que aparecen anualmente sobre negociación. Nada más alejado de la verdad.
Para un lector crítico, ni bien comienza la lectura, se hace evidente que el mismo texto escrito, puede admitir diversos abordajes, según la posición relativa del diálogo, la cultura de cada interlocutor, si existe coherencia metodológica en las respuestas consignadas, y por última hipótesis, cuáles hubieran sido las respuestas, de aplicarse otro método de Resolución de Conflictos que no fuera el ganar-ganar.
Comencemos entonces a desgranar algunas consideraciones e interrogantes acerca de estos temas.

1.      La posición relativa en el diálogo.

El Dr. Cohen es un prestigioso catedrático en la Resolución de Conflictos, que reside actualmente en Nueva Inglaterra y posee una conocida posición tomada acerca de cómo negociar con ventaja aplicando el método cooperativo. Sin embargo, las personas que le han ido formulando sus preguntas, tienen un diverso nivel de conocimientos sobre el tema, edades e idiomas diferentes; en fin, culturas diversas. La primera duda que surge de la consideración del contexto será clave para toda lectura posterior de la obra: ¿la naturaleza de los conflictos es universal, a pesar de las diferencias culturales? Familia, negocios, vecinos, compra-ventas, son algunos de los temas que desfilan a través de tantísimas consultas e inquietudes consignadas a lo largo de cada capítulo.
El texto parece sugerir que, a pesar de las diferencias culturales, los problemas humanos son universales. Esto tiene una importante consecuencia: a problemas universales, método y respuestas universales. ¡Albricias! Esto abre camino a la ciencia y desmitifica a la negociación como un mero arte. Obsérvese que digo mero arte, porque para una actividad como la negociación, ubicarla en el terreno del arte es, en la actualidad, menospreciarla y condenarla al terreno borroso donde la certeza queda descartada, donde la cadena de-medios-a-fin (como gustaba decir el lógico Rudolf Carnap 1) no se puede discernir, donde la lógica positiva no existe.
Por supuesto, no tiene este juicio asertivo nada que ver con la definición de arte que planteaba Santo Tomás de Aquino, ni tampoco con la lógica bien llamada Aristotélica Tomista, hoy considerada por algunos como extinta, pero que goza de buena salud en el mundo de la Filosofía. Para los clásicos, el arte consistía en la “recta razón en las cosas que se producen”.

2.      La cultura

Desde luego, el Dr. Cohen no ignora la importancia del hecho cultural en la negociación, antes bien, la supone. Con muy buen sentido, se afirma que aún en una misma comunidad puede haber diversidad cultural, pero que esto no resta eficacia al método ganar-ganar.
En verdad, resulta admirable la coherencia metodológica con que el escritor afronta cada uno de los conflictos y les da respuesta. Para las personas que conocemos a fondo el método cooperativo, resulta realmente notable cómo, a través de la lectura de cada solución, se puede ir -como en un rompecabezas gigante- armando nuevamente toda la estructura lógica del método desarrollado principalmente en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard.
Cuadro de texto: Se repite dos veces los dos puntos (:)Entre los múltiples méritos atribuibles al autor, constituye quizás el mayor la reconstrucción en la práctica de este hermoso edificio académico, que trasluce cada una de sus indicaciones, sin fisuras ni defectos.
El método cooperativo, resulta importante apuntar aquí, presupone una ruta metodológica precisa; trabaja separando a las personas del problema, que es como decir: trato lo emocional y subjetivo de las personas, pero debo llevar al sujeto a pensar racionalmente, pues justamente es la razón la que percibe qué es mejor para que ambas partes ganen cooperando.
¿Pero qué sucede en aquellas culturas donde una emoción primigenia puede cristalizar en un aparentemente frío razonamiento? Por ejemplo, la venganza. La venganza parte del dolor y de la emoción. Hasta puede ser un deseo que se inserte en una visión subjetiva de la realidad. Sin embargo, puede cristalizar en objetivos racionales y en comportamientos altamente racionales. La idea fuerza de no olvidar ni perdonar jamás, que es patrimonio de muchas escalas de valores sociales, puede derivar en conductas totalmente racionales, pero que no resultan precisamente cooperativas con la otra parte en disputa.
Nuevamente, Carnap contestaría que en las cadenas de juicios de-medios-a-fin, forzosamente existe un inicio sin justificación, el cual externamente constituye un primer juicio que se toma como verdadero. Esto suena bastante bien para una lógica positivista, pero aclaro que yo rotundamente me adscribo a una lógica Aristotélica-Tomista. Esto equivale a decir que aquellos juicios iniciales del razonamiento deben partir de ciencias de nivel superior a los juicios que se están enunciando, o encontrar su justificación aún en reglas morales, como podría considerarse en el ejemplo anterior: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”, o “amarás a tu prójimo como a ti mismo”

3.      Las respuestas de otros métodos

El autor se encarga suficientemente en el inicio de su obra de exponer las características del método ganar-perder, así como sus consecuencias. Sin embargo, se da por descontado que sólo existen dos alternativas; competencia o cooperación.
No se encuentra ninguna referencia a la coopetición, método al cual varios académicos argentinos tenemos en cuenta habitualmente (este neologismo ha sido sin duda tomado prestado de otra ciencia que ha acuñado el término).
Es justo advertir al lector que la Argentina, donde resido, es un país tan atípico que de él se podría decir que siempre se destaca por ir a contramano del mundo, y de lo que se podría esperar habitualmente de una Nación con riqueza intelectual y material. Pero la Argentina es una tierra de paradojas constantes.
Es quizás por eso que el método para resolver conflictos más utilizado en la Argentina sea, justamente, la coopetición 2.
¿En qué consiste coopetir? A continuación, sólo expondré mi interpretación de esta metodología, ya que cada colega la compone con diversas variantes.
Coopetir significa, ante todo, asumir que las relaciones conflictivas se desarrollan simultáneamente en dos planos: el estratégico primero, y luego en el plano táctico.
Coopetir es en realidad negociar en forma multiplano: se puede tener un acuerdo de cooperación con la otra parte a nivel estratégico, pues se necesitan mutuamente, pero a nivel táctico se puede llevar adelante una operación de tipo ganar-perder, con diversos objetivos: marcar espacio; hacer conocer a la otra parte que las capacidades disponibles para ejercer poder existen verdaderamente, etc.
Algunos de mis colegas prefieren decir de la negociación coopetitiva, que la misma resulta cooperativa en la etapa de reclamación y de creación de valor, mientras que en la etapa de distribución del valor, es fuertemente competitiva, es decir aplica un comportamiento ganar-perder.

4.      En conclusión

Para aquellos que han seguido estas disquisiciones, ya habrán comprendido que según la presente reseña, esta magnífica obra constituye un disparador de preguntas, y que plantea constantemente interesantes cuestiones, algunas con respuestas, otras sin respuesta aún. El mayor elogio que puedo hacer sobre el tremendo aporte intelectual que provee el Dr. Cohen es el siguiente: el texto produce algo insólito en un libro diseñado bajo la forma  de preguntas y respuestas: hace pensar, y fuertemente.
Lo recomiendo calurosamente a todos aquellos académicos, prácticos profesionales y amateurs de la negociación.

Notas bibliográficas:

Steven P. Cohen, El Negociador Práctico, 2014, Aguilar, México D.F. ISBN 978-607-11-3181-2
1.      Rudolf Carnap, Internet Encyclopedia of Philosophy, on line: http://www.iep.utm.edu/carnap/
2.      Definición de coopetición, Financial Times Lexicon, on line: http://lexicon.ft.com/Term?term=co_opetition

sábado, 26 de julio de 2014

Negociando con certeza



Constituye todo un clásico la frase de Roger Fisher y William Ury: “negociamos todo el tiempo, aún sin darnos cuenta”.
Esta frase se ha convertido en un clásico precisamente porque toda nuestra vida de relación, con la familia, en nuestra empresa, con nuestros amigos y por supuesto con quienes no los son, está marcada por conflictos.
Algunos conflictos son tan pequeños –o tan repetitivos- que ya no los registramos como tales. Otros, por sus dimensiones y trascendencia, nos hacen plenamente conscientes de que existen voluntades en pugna.
Sin embargo, para muchos autores, pareciera que lo nuevo en la Resolución de Conflictos es que es imposible negociar con certeza.
Según ellos, y en el estado actual de la ciencia, parecería imposible afirmar: negocio con un “Conocimiento seguro y claro de algo”, tal como define la Real Academia el concepto de certeza.
O también, como dice la misma Academia para la segunda acepción de la palabra: negocio con “Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar”.
¿Qué ha sucedido con la ciencia? ¿Verdaderamente ya no existe certeza de nada; todo es relativo?
Pues no, lo que sucede es que algunas personas provenientes de otras disciplinas  han “emigrado” a la metafísica. Incursionan en la filosofía, en  la ontología, cual cazadores furtivos, observando la realidad desde una perspectiva absolutamente relativista[i] .
De esta forma, ellos han dictaminado que: “El juicio que realiza una persona no puede ser verdadero pues lo realiza desde su subjetividad”. Es decir, que la realidad se construye desde el relato que cada uno va realizando. Entonces allí, no caben las certezas, no hay lugar para ellas.
Por supuesto que esta teoría descalifica de un plumazo la posibilidad del conocimiento científico, y de paso, ya que la negociación es un transdisciplina, la misma queda reducida a un arte sin otro argumento que el meramente emocional, perceptivo y comunicacional, descartando la certidumbre y la racionalidad.
Para aquellos que negociamos sin cesar en nuestras vidas, se crea una paralización por incertidumbre: si las dos (o varias) partes tienen razón al mismo tiempo; ¿cómo negocio? No puedo apelar a ningún discurso razonable. Todos estamos en las mismas condiciones y negociará mejor quien sepa convencer mejor al otro, aquel que comunique mejor, que maneje mejor lo que hoy llamamos inteligencia emocional o directamente el que resulte más vivo. Se acabó el profesionalismo en la negociación.
En muchos casos se llega a confundir negociación (que siempre supone un intercambio de prestaciones o cosas), con la persuasión, actividad válida para resolver conflictos pero que se basa en otras premisas.
Los mismos autores mencionados al comienzo, contemporáneamente al “negociamos todo el tiempo…” también escribieron una frase que no es tan popular como la primera, pero no por ello menos cierta: “Es imposible negociar sin un mínimo de racionalidad”.
La racionalidad va de la mano de las certezas, y es por ello que este es el tema central de este pequeño artículo que pretende obrar como un antígeno de las teorías relativistas en boga.
Necesitamos una condición condición mínima suficiente de racionalidad que haga que la negociación transcurra simultáneamente en dos ámbitos: un Dominio Relacional y otro Dominio Racional.
Nos hemos acostumbrado a vivir en un entorno en donde todo funciona de manera bastante poco racional. Pareciera que esto es lo “normal”. Pues bien, al menos en nuestras negociaciones, ha sonado la hora de reivindicar las certezas y la racionalidad.
Como ya resulta obvio, la finalidad de estas líneas consiste en alertar sobre un problema en la Resolución de Conflictos. Si bien se podría refutar uno por uno los argumentos de pensadores como Maturana, Flores y tantos otros que están por el relativismo del conocimiento, debería hacerse en otro ámbito y con otro propósito[ii]. Por eso les propongo, lectores, que sumemos tres claves prácticas para generar certeza y racionalidad a nuestra negociación.
Primera Clave: La posibilidad de medir la realidad
Si como dueño o gerente de una unidad productiva debo negociar con un proveedor importante, con quien aplico la modalidad just in time, siendo aliados estratégicos, las piezas proveídas seguramente se deberán ajustar a un standard. Dicho standard puede medirse en micrones, en resistencia, composición de una aleación, pero siempre es susceptible de ser medido.
Supongamos que el proveedor en cuestión esté sufriendo los efectos de una huelga salvaje en su propia planta y que corro el riesgo de quedarme sin stock. Quizás deba negociar transitoriamente el aceptar alguna cantidad del producto  por desvío del standard. Más este desvío también puede ser medido en términos estadísticos. Por ejemplo, no aceptaré más de un 7% de la mercadería que entre por esa categoría.
Por supuesto que existen actividades donde se hace más sencillo medir la realidad, simplemente porque dicha realidad es material.
Sin embargo, cada vez más la ciencia y la tecnología hace posible medir y mensurar fenómenos que antes se consideraban como fuera de la esfera de lo cuantificable. ¿Qué es si no en términos de avalancha el big data? ¿No es acaso la demostración palmaria que estamos accediendo a medir cosas que antes no podíamos?
No se agota aquí, en términos sumarios la posibilidad de medir la realidad: también, en aquellos casos que convenga, la misma se mide por resultados.
Es por ello que la primera clave para negociar con certezas la constituye la medición de la realidad. La relatividad aquí no se suprime, sino que es relegada al Dominio correspondiente. Toda negociación debe ser mirada como un proceso durante el cual los negociadores profesionales trasladan la conversación de lo subjetivo a lo objetivo, de lo emocional y relacional a lo racional.
Segunda Clave: la utilización de criterios objetivos.
Si somos capaces de medir la realidad, debemos -durante la negociación- acordar la utilización de criterios que faciliten la resolución del conflicto. Esto en sí mismo puede ser una pequeña negociación, ardua o fácilmente consentida, dentro del proceso de solución de conflictos que estamos llevando a cabo.
Recuérdese que los criterios objetivos en una negociación funcionan como tales cuando son acordados por todas las partes como una de las reglas del juego; y que dichos criterios deben resultar independientes de la voluntad de cualquier jugador del conflicto.
¡Cuántas veces ambas partes están pensando en términos de una moneda dura cuando negocian! Cuántas veces se hace referencia al mercado, o bien a estilos de transacciones. Un ejemplo perfecto de ello son los fondos que se negocian overnight entre entidades financieras, ajustados a una pauta a veces no escrita, pero siempre cumplida.
Tercera clave: llevar la racionalidad al lenguaje.
La educación antigua tendía a ejercitar la mente en el razonamiento. De allí que era natural estimular el estudio de las matemáticas (sin calculadoras) y de la Lógica.
Desde luego que con estas palabras no estoy proponiendo una vuelta a un estudio integral de la lógica para quienes estamos viviendo y negociando el día a día. Pero es bueno que sepamos que existe una parte de la lógica que estudia la verdad o falsedad de los razonamientos de acuerdo a la forma, independientemente de la verdad o falsedad de los juicios.
Es por ello que en este apartado no se está tratando acerca de la posibilidad de acceder a la verdad y si todo es relativo o hay verdades absolutas. Lo que estoy tratando de decir es que existen razonamientos falsos por su forma, fácilmente detectables por cualquiera y que deberían ser refutados durante el proceso de comunicación en el cual se apoya toda negociación.
Estos razonamientos son las llamadas falacias[iii]. Una falacia es un razonamiento no válido o incorrecto pero con apariencia de razonamiento correcto. Es un razonamiento engañoso o erróneo (falaz), pero que pretende ser convincente o persuasivo.
Todas las falacias son razonamientos que vulneran alguna regla lógica. Así, por ejemplo, se argumenta de una manera falaz cuando en vez de presentar razones adecuadas en contra de la posición que defiende una persona, se la ataca y desacredita: se va contra la persona sin rebatir lo que dice o afirma.
Así como el descripto anteriormente, otra falacia muy utilizada es aquella que apela a la autoridad. En el ejemplo citado respecto de las piezas que entran en producción por desvío y no por su correspondiente standard, el argumento que podría usar el proveedor sería algo como: “Fulano (que es una empresa muy conocida en otro rubro) me acepta un desvío del 25%”.
A modo de conclusión
Hace poco el reconocido neurólogo Dr. Facundo Manes, en una Master Class que tuvo lugar en la embajada del Reino Unido, hablaba de cómo las emociones ayudan a fijar los recuerdos en la memoria. Esta es una muestra de la contribución que el estudio de las mismas, así como de los fenómenos perceptivos y comunicacionales, enriquecen nuestro marco de referencia conceptual.
Sin embargo, existe una distancia enorme entre este enriquecimiento intelectual al empobrecimiento que se produce en nuestras negociaciones causado por la creencia que todo se reduce a la subjetividad, a que todo es relativo. Vayan mis votos para que todos nosotros tomemos decisiones crecientemente racionales. Sin lugar a dudas, nos beneficiaremos, pero también estaremos contribuyendo a una mejora social perceptible a mediano plazo.


[i] Al respecto, véase autores como: Fernando Flores Labra, Rafael Echeverría, John Austin, Humberto Maturana.
[ii] Para un estudio sistemático de esta cuestión, véase “El Coaching Ontológico y sus relaciones con la Negociación Contemporánea, online actualmente http://goo.gl/h811Ny
[iii] Para una revisión de las principales falacias, véase el artículo online: http://www.xtec.cat/~lvallmaj/preso/fal-log2.htm